Escribo esto dos días antes de su publicación y condicionado a su veracidad, opto por mantener el texto original. Aquí va.
De pronto, cuando aún no se sabe el destino final de la candidatura de Rafael López Aliaga (y de otra cincuentena de candidatos que se colaron por la ventana) que debe ser aprobada por el sistema electoral todavía, me llegó, de una persona muy seria a quien respeto, una presunta encuesta de CPI, en la que el ex alcalde de Lima aparece liderando las preferencias electorales municipales en Lima Metropolitana.
Este es el cuadro central de aquel supuesto estudio:
Registraría Porky el 18.1%, mientras su más cercano rival, Carlos Bruce (Techito) obtendría el 12.3%. Le continuaría un sorprendente Daniel Urresti con 12.2% y luego, lejanamente, Francis Allison con 8.2%. No sé de cuánto vale un estudio cuantitativo a casi tres meses de las elecciones y, como no he podido ver la indispensable ficha técnica, no puedo siquiera suponerlo.
Desconozco también si se aceptará las reelecciones encubiertas e igual si se permitirá que los candidatos a primer regidor puedan figurar como candidatos a alcalde en las encuestas, en la propaganda electoral, en los debates, en la cédula y demás. Todo eso impactará en el proceso.
El dato cuantitativo más curioso en esta supuesta investigación es el de Urresti, que no pareciera gozar de su otrora popularidad a estas alturas, pero que, sin embargo, figura en completo empate técnico con Techito.
La prisa es mala consejera, así que sugiero no dar importancia a las encuestas tempranas, ciertas o falsas. De hecho acabo de ser encuestado por un entrevistador del CIT (no de CPI) que, por toda virtud, fue muy amable. No obstante me entrevistó en la calle o sea, no siguió ninguna técnica probabilística (lo usual es hacerlo en viviendas, seleccionadas mediante manzaneo) y, por tanto, mi registro debería ser anulado y el capacitador y el supervisor de campo deberían ser despedidos. Lo que pasa es que yo soy un usuario experto pero la mayoría de los encuestados no lo es y no sabe cuáles son los requisitos técnicos de un estudio cuantitativo.
Sucede que, ¿casualmente?, CPI y CIT fueron las encuestadoras que, hasta último momento, dieron ganador a López Aliaga en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de abril, lo que invita a la mayor suspicacia. Las empresas encuestadoras, en general, han perdido credibilidad, pero CPI y el CIT mucho más que el resto.
Jugar con el margen de error parece haber devenido pésima costumbre. Filtrar cierta data interna clave, igual. Al Congreso le toca normar cómo se evita esto. De hecho, lo primero que habría que hacer es mantener abierta la información de los estudios a la ciudadanía hasta 48 horas antes de las elecciones y que las empresas encuestadoras respondan con su registro por la pertinencia de sus proyecciones.
He dicho y me he divertido diciéndolo. Estamos aún a tiempo de evitar el bochorno en un nuevo proceso electoral.