CULTURADESTACADAS

Fetiches enfermos de literatura: comentario a «E-mails con Roberto Bolaño»

Escribe: José Vadillo Vila (*)

Sería mezquino no reconocer la destreza narrativa de J. J. Maldonado. Desde que en 2020 empezó a publicar, ha demostrado que sabe hacia dónde se dirige con su narrativa. ¿Qué une al autor de «E-mails con Roberto Bolaño (2025)» con aquel que escribió su novela debut, «Quien golpea primero golpea dos veces (2020)»? Ambos comparten a un escritor con ganas de comerse el mundo (editorial, comercial). Y no hay pecado en ello.

En la primera novela, el núbil narrador mostró destreza con el lenguaje juvenil, sucio, transitaba por la violencia, era juguetón, armaba buenas escenas y creaba un espacio propio, muy parecido a un conjunto habitacional del Callao, donde se desarrollaban las acciones de sus personajes. Ahora, en el nuevo libro de relatos, es un Maldonado de un lenguaje que se diversifica, que se viste de otras pieles. Ambos comulgan en el desenfado, en el olfato narrativo y en la creatividad.

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A los diez relatos de «E-mails con Roberto Bolaño» les une, en primer lugar, la capacidad del autor limeño para cambiar de espacios geográficos, adoptar las formas de hablar y tomar referentes literarios específicos.

Este es un libro que divertirá y entenderán mejor los lectores familiarizados con los autores contemporáneos publicados por los grandes sellos comerciales (Vila Matas, Han Kang, Pierre Michon, Rodrigo Fresán, Roberto Bolaño, Mariana Enriquez y Alejandro Zambra, verbigracia).

  1. J. Maldonado toma los nombres de autores (casi todos vivos) del establishment literario para convertirlos en personajes, cada uno con sus obsesiones. Ficcionaliza y los fagocita a su antojo, a partir de sus datos biográficos, de sus obras o de su forma de escribir. Y ahí radica el desparpajo, el atrevimiento, la osadía literaria u olfato comercial de este escriba.

El autor ha trabajado prolíficamente para relatarnos el mundo desde el universo de cada autor y sus leyendas urbanas. Las capta y presenta, por ejemplo, a un poeta limeño Antonio Cisneros amante de los tragos, galante sin ética de las mujeres y nada honroso con sus deudas. O explota un dato: así, le da el giro sicalíptico al Vargas Llosa iniciático en el periodismo y la bohemia limeña, explotando un dato escrito con pundonor vargasllosiano que el propio autor da en sus memorias en «El pez en el agua», ahora desde una perspectiva femenina y sin tapujos.

Va adoptando el tono de cada quien, juega con el concepto del «big crack» de un Rodrigo Fresán adolescente en Caracas. Quien haya leído a Mariana Enríquez o a Fernanda Melchor se sentirá satisfecho con «Haciendo el pino con Mariana Enriquez» y «Misión Fernanda Melchor», respectivamente. En el primero juega con el estilo gótico y los personajes de la argentina; y en el segundo con el universo del sicariato de los cárteles mexicanos, descrito por la mexicana.

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El texto más divertido me parece «El otro Zambra» donde empieza a jugar con el «doppelgänger», el concepto de los dobles exactos, que es otra de las constantes que aparece diseminada en el libro.

Pieza destacable es «En busca de Han Kang», donde Maldonado impregna el universo literario de quien fuera premio nobel coreana en Barcelona y el Parque Natural del Cadí-Moixeró. A la par desarrolla en la trama la idea del «doppelgänger» textual, donde dos escritores de diferentes países, de distintos idiomas, escriben novelas exactamente gemelas.

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Decía que Maldonado tiene ganas de comerse el mundo literario y ese afán es el tercer elemento que hilvana a un grupo de relatos: tienen a personajes o narradores-personajes que se llaman «J. J. Maldonado», o se reconocen como tal. Seguramente es lo que más irritará a algunos lectores y críticos. De esta necesidad de ponerse junto a quienes admira o están en el establishment literario un psicoanalista podrá sacar sus propias interpretaciones. Se puede cuestionar, pero, finalmente, es su forma de hacer literatura, de llamar la atención.

No me parece nada relevante para las ficciones referirse a las editoriales donde publican varios de los autores. Es ya demasiado signo de complacencia, la excepción podría ser el relato «Pierre Michon se muda a Cards», para hablar de un autor francófono que escribe desde los márgenes.

Estos alter egos llamados J. J. Maldonado también refieren a: 1) situar las narraciones desde una perspectiva latinoamericana; y 2) la admiración incuestionable de Maldonado por la narrativa del barcelonés Enrique Vila-Matas, quien también ha sido personaje de sus obras y ha jugado con la idea del impostor literario y es odiado y admirado por los mismos argumentos. Por ello, no es casualidad que Maldonado inicie el libro con un relato sobre él («¿A quién mira Enrique Vila-Matas?»).

La otra presencia en el volumen es el narrador argentino Rodrigo Fresán (presente desde el epígrafe hasta el agradecimiento final). Se trata de dos fetiches que son enfermos de literatura, animales literarios extremos, que todo lo convierten en material literaria.

Finalmente, ¿de dónde surge el magma de estas historias? Me aventuro a pensar que «E-mails con Roberto Bolaño» es la forma cómo Maldonado aprovechó las lecturas y los cursos en los dos máster que llevó en España. Mientras otros estudiantes desarrollaban ensayos y tesis para sus otros trabajos académicos, J. J. Maldonado prefirió llevar este acercamiento a autores al terreno de la ficción y practicó la metaliteratura, como buen infectado por el virus de las Letras.

Ficha:

Maldonado, J.J. «E-mails con Roberto Bolaño» (Lima, Seix Barral, 2025). Pp. 254.

(*) José Vadillo Vila es periodista, escritor y cantautor. Ha publicado los libros Historias a babor (2003), Hábitos insanos (2013), Apus musicales. Héroes de la canción andina peruana Vol. 1 (2018), El largo aliento de las historias apócrifas (2022) y Mostros (2024). Como cantautor tiene publicados los álbumes Elemental (2002) y Primera parada (2016). Fue redactor y editor en el Diario Oficial El Peruano y director del Gran Teatro Nacional. Es columnista de Güik.

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