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OPINIÓN/ Los cómplices

Escribe: Luis Gonzales Posada

 

este no ha sido el único político financiado por el chavismo

La caída de Nicolás Maduro debe abrir las puertas del infierno político-judicial a varios personajes que, con impudicia, respaldaron al régimen autocrático a cambio de dinero o de prebendas; una lista negra de secuaces que seguramente se hará publica en el proceso  que se iniciará en la corte de Nueva York.

La nómina la encabeza el ex presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien la Audiencia Nacional de Madrid acusa de «tráfico de drogas, blanqueo de capitales y pertenencia a una organización criminal».

Su servil y deshonesto trabajo consistió en oficiar de «intermediario» entre el chavismo y la oposición. Sin embargo, la Mesa de Unidad Democrática (MUD) sostuvo que «esa presencia tuvo como único objetivo lavarle la cara a Maduro para que bajen las sanciones contra los corruptos y brindar oxígeno al régimen».

Zapatero actuó abiertamente, sin disimulos, con fotos y videos posando sonriente con el dictador y jactándose de haber realizado 37 viajes a Caracas, sin importarle que en ese largo tiempo ocurrían centenares de asesinatos, torturas y encarcelamiento de demócratas; y, mucho menos le importó que ocho millones tuvieran que autoexiliarse.

El diario digital The Objective, que en 2016 denunció al juez Baltazar Garzón por recibir cerca de 9 millones de dólares de PDVSA, afirma tener pruebas irrefutables de pagos millonarios en provecho de Zapatero.

Pero este no ha sido el único político financiado por el chavismo. En su comparecencia ante el tribunal del Distrito Sur de  NY, el ex jefe de inteligencia venezolano,  Hugo Armando Carbajal, conocido como «El pollo», soltó nombres de  otros cómplices: Néstor y Cristina Kirchner, de Argentina; Fernando Lugo, de Paraguay; Rafael Correa, de Ecuador; Manuel Zelaya, de Honduras; Gustavo Petro, de Colombia; Lula da Silva, de Brasil; Evo Morales, de Bolivia y Ollanta Humala del Perú, condenado a 15 años de prisión por recibir dinero ilícito de Odebrecht y de Venezuela; así como la agrupación izquierdista española Podemos y el Movimiento Cinco Estrellas de Italia.

Cuba resultó el mayor beneficiado de la satrapía al recibir 100 mil barriles de petróleo diariamente, cifra reducida a 27 mil barriles, que ha provocado una hecatombe económica en la Isla con apagones que oscilan entre 18 y 20 horas, déficit suplido parcialmente por Rusia y México, que en conjunto entregan 14 mil barriles/día.

Miguel Díaz Canel, empero, ha respondido con cinismo y arrogancia, diciendo que Cuba «es una nación libre, independiente, soberana. Nadie nos dice qué hacer. Estamos dispuestos a defender a la patria hasta la última gota de sangre».  Sólo faltó agregar el viejo estribillo fidelista de «patria o muerte, venceremos».

Ante el desastre, Trump se autodenomina «presidente interino» de Venezuela, advirtiendo que se hará cargo del comercio petrolero que involucra 303 mil millones de reservas probadas, equivalentes al 19.4% del crudo disponible en el mundo. No puede hacerlo, pero lo hará, ejerciendo su enorme poder económico y militar.

El multilateralismo ha llegado a su fin y la OEA es un cadáver insepulto a pesar de disponer de un presupuesto de 100 millones de dólares anuales y mil empleados distribuidos en Washington y el hemisferio.

Apunte final: peor que un tirano son sus cómplices, porque los protegen o encubren por dinero. Son sujetos avezados, amorales, que utilizan la membresía del Estado que representan o el poder para medrar a costa de los derechos humanos, de la desgracia de millones de familias

Bien decía Simone de Beauvoir, notable escritora y filósofa francesa, que «el opresor no sería tan fuerte sino tuviera cómplices entre los propios oprimidos».

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