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OPINIÓN/ La dictadura de la corrupción en el Perú

Escribe: Aldo Lorenzzi Bolaños

 

La dictadura de la corrupción ha utilizado como estrategia sembrar odio entre los peruanos, polarizándonos durante años con el fin de hacernos creer que somos enemigos, cuando somos todos peruanos que debemos buscar el progreso de nuestro país.

 

Los peruanos vivimos sometidos, desde hace casi dos décadas, a una serie de poderes fácticos que se han ido manifestando a través de los años, imponiéndonos los preceptos de este Estado putrefacto, cada vez más notorio. Sin embargo, no hemos tomado conciencia de esta situación, pues aprendimos a seguir adelante a pesar de tener un Estado en el que gobierna la corrupción a través de distintos “estamentos”.

Esta dictadura de la corrupción llega hoy a su apogeo más visible: hemos podido ver una serie de irregularidades en un proceso electoral en el que, a todas luces, se han vulnerado los derechos electorales de los peruanos. Es el reflejo más reciente de una sociedad sobre la que se ha instalado una dictadura de la corrupción.

La dictadura de la corrupción actúa en el sistema de salud cuando los peruanos reclamamos un servicio de calidad y medicinas, y el Estado no escucha, vulnerando el derecho al acceso a la salud.

La dictadura de la corrupción impera cuando los colegios de nuestros niños se caen a pedazos, los docentes buscan adoctrinar a través de la educación e instrumentalizarla para sus fines, y se somete a los peruanos a la ignorancia, creando generaciones dependientes de este régimen.

La dictadura de la corrupción nos presiona cuando salimos con miedo a la calle, sin saber si vamos a regresar a causa de la violencia que cada vez más campea en Lima y en nuestras principales ciudades, sin saber si esta vez nos tocará a nosotros.

La dictadura de la corrupción se aprecia cuando matan a un chofer, a un comerciante o a un inocente por no querer pagar de su esfuerzo un cupo para vivir, vulnerando su derecho a la vida.

La dictadura de la corrupción somete a nuestros jóvenes de las universidades nacionales y privadas a través de ideologías trasnochadas que han logrado perder mentes valiosas, enajenándolos y llenándolos de resentimiento para sus fines políticos.

La dictadura de la corrupción ha utilizado como estrategia sembrar odio entre los peruanos, polarizándonos durante años con el fin de hacernos creer que somos enemigos, cuando somos todos peruanos que debemos buscar el progreso de nuestro país.

La dictadura de la corrupción a veces no tiene un rostro visible: es una cadena bien organizada y eficiente que nos ata a todos. Pero las cadenas, cuando todos jalamos juntos, se rompen. Ya es hora de que los peruanos dejemos de mirarnos como enemigos y empecemos a reconocernos como lo que somos: un pueblo que tiene todo para salir adelante, si decide hacerlo unido y esta es la mejor ocasión para hacerlo, no permitiendo que nos roben nuestra voluntad de elegir a quien entregarle las riendas del país de acuerdo a nuestra conciencia y libertad, y no permitir que sigan destruyendo nuestros sueños a través de este régimen de corrupción.

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