No soy ni seré mentalista, pero creo que la postrera cobardía ganará el debate en la cabeza de José María y que el maestro Pedro cumplirá la condena que confirme o modifique la segunda instancia penal.
El presidente accidental, José María Balcázar, debe tener abundantes y diferentes compromisos con quienes lo llevaron a Palacio de Gobierno. Creo que fue Walter Ayala, el escasamente articulado exministro de Pedro Castillo, quien hace no mucho le recordó uno de ellos: indultar al golpista. Como quien calla otorga, Balcázar nunca contestó.
Pero Balcázar fue puesto allí también por quienes seguramente asumieron que ese compromiso era imposible o inviable, si es que no le advirtieron taxativamente que no lo haga. Así que Balcázar está entre dos fuegos y, por si fuera poco, ya tiene sucesora. Y probablemente no a quien quería de sucesor.
Por otro lado, su ministro de Justicia y Derechos Humanos, Luis Enrique Jiménez Borra, ha ofrecido correcta resistencia a todo intento tramposo de liberar a Castillo, vía indulto o gracia presidencial. El profesor golpista no cumple ningún criterio para aplicarle tal beneficio. Tanto así que el gobierno intentó embaucar a medio país con una “evaluación clínica” en Essalud que colocaba al embustero casi al borde de la muerte.
Jiménez Borra no dio pase a tamaño timo y tampoco aceptó ninguno de otros cinco intentos de la estafa castillista. Basta ver a Castillo en cada aparición pública para darse cuenta de que goza de envidiable salud física. Y por la cantidad de visitas que recibe, que exceden incluso lo no habitual, nadie podría decir que su salud mental corre algún riesgo.
Se dice que hay en curso un séptimo conato de engaño y para eso ha aparecido un raro y contradictorio informe de un misterioso grupo de trabajo de Naciones Unidas que señala que Castillo fue objeto de vulneración del debido proceso y que merece la libertad… ¡y la correspondiente indemnización!
Debe quedar claro que este informe NO ES PARA NADA VINCULANTE y que ni siquiera sirve como herramienta acreditable a nivel judicial. En el Perú, la justicia constitucional ya se pronunció en última instancia: El Tribunal Constitucional ya sancionó la plena procedencia de la vacancia y de la condena del profesor golpista. Un informe tendencioso que ni siquiera toma en cuenta los clarísimos artículos 45° y 46° de la Constitución no podría ser materia más que de risa. Pero si es parte de un nuevo embuste para otorgar un indulto improcedente ya la cosa se pone seria.
Este llamado “Grupo de Trabajo” no es una instancia jurisdiccional de la ONU, sólo es un conciliábulo de opinantes absolutamente sesgado por las ideas progres o por necesidad de sostener sus pingües ingresos montándose sobre cualquier ola de presuntos derechos humanos vulnerados, aunque necesiten inventar la tal ola. Total, hay que mantener el ritmo de vida al que se han acostumbrado.
“Este informe cambia las cosas” (o algo parecido) ha dicho Balcázar y felizmente no agregó mucho más. Pero es una confesión de que sigue intentando indultar al profesor embustero o de que sí tiene un compromiso con él o con sus cómplices en el fracasado autogolpe del 7 de diciembre de 2022. Lean, por favor, los artículos 45° y 46° de la Constitución. Hagamos de ellos un voto democrático de ciudadanía. Y estoy seguro de que compartirán conmigo que no hay duda de la responsabilidad de Castillo en el intento de rebelión y de la irresponsabilidad de Balcázar al pretender ignorar lo que sucedió aquel día en el que prefirió no registrar su voto por la vacancia del ex presidente. No lo defendió ni se opuso a la mayoría, sólo no registró su voto. Eso se llama, aquí y en la China, pusilanimidad.
Dentro de muy poco el presidente accidental dejará de serlo y dentro de otro poco más, el ciclo biológico se hará cargo de sus saldos de cierre. De él depende cómo pasará a la historia o si la historia se lo llevará con ella al ominoso anonimato.
No soy ni seré mentalista, pero creo que la postrera cobardía ganará el debate en la cabeza de José María y que el maestro Pedro cumplirá la condena que confirme o modifique la segunda instancia penal. Es sólo intuición y, en eso, no soy experto, pero a una edad determinada todos adquirimos una mejor capacidad de distinguir las señales del miedo. Y Balcázar está temblando más que Castillo cuando leyó su último discurso. El delito de abuso de autoridad no es poca cosa. Y el de falsedad, tampoco.